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Development...?


Voy a tratar de hacer una breve reseña de un tema sumamente complicado: el desarrollo.

Debo de aclarar que es un tema complejo con muchos puntos por cuestionar, así que por ahora sólo introduciré este tema con una situación que parece ser mi pan de cada día: mi identidad en el desarrollo.

También aclaro que es un bosquejo y una crítica de lo que he estado aprendiendo estas semanas, así que por favor critiquen lo que escribí, y háganme los comentarios porque me gustaría enriquecer esta crítica.

Soy de México. México es un país que se encuentra en la parte norte del continente Americano. Por lo que, para sorpresa de muchos, México es parte de Norteamérica. México es un país multicultural que está conformado por tantas culturas que es casi imposible su administración (y mucho más con nuestros políticos). En mi país se hablan alrededor de unas 365 lenguas indígenas. Tenemos diferentes climas y ecosistemas en todo el país, desiertos, selvas, bosques… Tenemos una riqueza enorme de flora y de fauna. Una deliciosa variedad gastronómica, artística, musical, artesanal; es decir, tenemos un país sumamente rico en cultura. Dentro de mi país soy de esas exiliadas del DF que nunca había vivido en esta ciudad- hasta ahora- porque crecí en un pueblo cercano en el cual mi pertenencia depende de mi relación con los “verdaderos” locales. Para colmo, tengo doble nacionalidad. Es decir, doble pasaporte, doble ciudadanía, doble obligación cultural y nacional que heredé de mis abuelos y mis padres. Esto entonces conlleva a que mi fenotipo no sea completamente mexicano, en un mejor sentido soy una mestiza. Entonces en mi propio país, donde crecí y donde pertenezco soy una güerita y en mi otro país soy lo que clasificarían como “other ethnic backgrounds” (sí, así viene en los formularios, después de las distinciones como: caucásico, aboriginal, native american, asian, african-american, african background, polinese, caribbean, UE, Non-UE, soviet, etc…).

Dentro de mi país me dicen a veces “chilanga”, me dicen “extranjera”, me dicen “postiza”. En el pueblo en el que crecí trae consigo una cierta y distinguida reputación, por lo que además, en el resto del país, a veces me dicen que soy “hippie” y/o “esotérica”.

A pesar de que he pasado la mayoría de mis años en México, he tenido la oportunidad de salir del país para conocer, no sólo en el sentido turístico, otros países y ciudades. La primera vez que viví fuera de México era demasiado pequeña para recordarlo. La segunda vez salí a estudiar con mi familia. Una cualidad que tengo es que soy muy adaptable y accesible, muy amigable y sobre todo, muy curiosa; por lo que soy de las primeras que saluda por las mañanas sin pena ni temor. Entonces no ha sido complicado para mi adaptarme a nuevos lugares y culturas. Ese año mis profesores le comentaron a mis papás que había sido, hasta ese momento, la única latina que realmente se había integrado a la sociedad local sin ser discriminada o auto discriminarme.

Soy Latinoamericana, es decir, pertenezco a esa parte del mundo en donde se habla español del continente americano, tal vez sea por esto que muchas personas en el mundo piensan que México es Sudamérica. Mi lengua materna es español; para ser más específicos, mi lengua materna es español del centro de la república mexicana.

La tercera vez que viví en el extranjero fue por motivos de trabajo, era Fille Au Pair. Fui a aprender mejor el idioma y a conocer mejor la cultura de otro país por medio de un trabajo que explota a la gente latina (porque a otras personas de EUA, Canadá o Europa les pagan más del doble de lo que le pagan a una latina). Para sorpresa de mis jefes, de ese trabajo, yo no tenía el típico fenotipo latinoamericano (Yo me sigo cuestionando ¿cuál es exactamente este fenotipo latinoamericano? ¿qué es lo que se esperan cuando ven a una mexicana con ancestros extranjeros?... Sí, soy de esas con “Other ethnic backgrounds”)

El cuarto año en el extranjero fue para estudiar un posgrado. Esta vez vine con un conocimiento académico pertinente para el estudio de las culturas. Mi capacidad de adaptación y de ser amigable se justifica aquí por venir de tierras soleadas y calientes “Sunnyland”. Para mis compañeros de estudio y profesores no sólo soy mexicana, americana y latinoamericana, sino que además soy de un país en desarrollo.

Recordemos tantito a quien le debemos estas etiquetas. A mediados de los 50’s un economista llamado Sauvy denominó como tercer mundo a aquellos países que no pertenecían a ninguno de los aliados que se enfrentaron en la guerra fría (países occidentales: EUA, Europa Occidental, Japón, Corea de Sur, Australia y aliados. Países comunistas: La Unión Soviética, Europa Oriental y China). Sauvy publicó en la revista francesa L’Observateur el término de tercer mundo designado para países explotados y olvidados exentos del primer mundo (capitalista, aliados de EUA) y segundo mundo (comunista, del Bloque del Este).

México en ese entonces era referido como un país del tercer mundo. En los últimos años el término de “tercer mundo” ha dejado de utilizarse porque se le ha atribuido una nominación peyorativa. Así pues empezó a llamarse a esos países que, en contraste a los países industrializados y desarrollados, carecían de un desarrollo económico y social, garantías y servicios básicos, como países “en desarrollo”. Desde luego, el término asignado a países en desarrollo ha sido un término acuñado por el mundo occidental de Europa y Norte América (claro, excluyendo a México); quienes clasifican a los países en desarrollo por características como una economía basada en la agricultura, exportación de materias primas y mano de obra, endeudados con países más industrializados y poca infraestructura local. A lo largo de los años los países tercermundistas se han vuelto dependientes de los países desarrollados e industrializados, a pesar de que tengan todos los recursos para convertirse en potencias mundiales.

Al paso de los años países como Japón y Australia se han convertido en potencias mundiales pertenecientes del primer mundo, y otros países en vía de desarrollo que han logrado cierto nivel de industrialización, como Brasil, China, India (BRIC’s), México y Sudáfrica, se han convertido en la gran interrogante.

Luego llegó el señor Wallerstein con sus teorías del sistema mundial, en donde clasificaba a los países en centrales (core), que casualmente eran quienes habían colonizado al resto, los imperialistas que mantienen el control de los otros países a los que tienen subordinados obteniendo de ellos materias primas y mano de obra. Los países semi periféricos son los que tienen una infraestructura que les permite desarrollarse pero no han logado una completa industrialización, y los países periféricos son los que dependen de los centrales. Suena un poco egocéntrico, como si el sol girara alrededor de los países centrales y los demás países fuera satélites lunares. Y entonces México pasó de ser un país tercermundista a ser un país semi periférico en vías de desarrollo.

Aterricemos un poco la situación. Europa “conquistó” el nuevo mundo y con eso convirtió en colonias al continente americano y africano creando una distinción entre colonizador y colonizado. Pasando el tiempo, los sistemas feudales, las independencias y las revoluciones industriales, la distinción se convirtió en una entre los imperialistas y los otros. Fue en esta época que se formulaban las teorías sobre “El Otro” y el orientalismo de E. Said, del “Salvaje Noble” y la idea romántica del exotismo y prístino paraíso de los tribales.

El tiempo ha pasado, las eras han cambiado hacia una era globalizada, en donde el tráfico, flujo y acceso de información rige la vida de los seres humanos. Y aun así, en esta era globalizada, que tiene conflictos posmodernos sobre sus delimitaciones, pareciera que los Europeos no logran quitarse de encima la culpa que cargan desde el siglo XVI, de conquistadores, de colonizadores. Siguen viviendo bajo el mundo de distinciones entre los desarrollados y los subdesarrollados.

En tan solo una semana de clases en Europa he cachado el discurso que reproducen los europeos sobre los países desarrollados y los aquellos en vías de desarrollo (porque el término “undeveloped” también se ha convertido en un término peyorativo). La gente en esta parte del mundo está acostumbrada a ir a los países poco o nada desarrollados a realizar trabajo voluntario, a estudiarlos, ayudando en su desarrollo (¡qué socialmente responsable de ellos!). Así pues, fue como en una sola semana mi país paso desde ser tercer mundo, a “undeveloped”, a “less developed”, a “en vías de desarrollo”.

Agreguémosle a esto las ideas del romanticismo actual, mi país tan rico culturalmente es tan exótico, extravagante, y por lo tanto es “auténtico” (así se vende en las agencias turísticas), genera “nostalgia” porque recibimos turismo que quiere conocer lugares que los transporten a través del tiempo en búsqueda de lo auténtico. Explotamos esta riqueza cultural a través del turismo para reforzar los sistemas de nacionalismo y los convertimos en productos turísticos.

Cuando les pregunté en un seminario a mis compañeros que si era normal para ellos hablar tanto de esta distinción (desarrollados y no desarrollados) me dijeron tranquilamente que “sí”, y fue hasta ese momento que entendieron y se dieron cuenta de que su compañerita (que siempre les da los buenos días y sonríe) viene de un país en vías de desarrollo.

Claro que mi fluidez en su lenguaje, mi fenotipo poco típico mexicano, mi doble nacionalidad y mi habilidad de adaptación y accesibilidad contribuye a que no se den cuenta de mi identidad. Pareciera ser que los europeos no logran superar su pasado colonialista y cargan con una extraña culpa que ahora quieren dirigir la atención a EUA creando etiquetas como “Americanization”, cuando ellos fueron los pioneros del “occidentalismo”.

Mientras que sigan reproduciendo estos discursos de “asistencialismo” a países tercermundistas, siguen promoviendo ideas etnocentristas y siguen sin superar términos que, por lo menos en mi país poco desarrollado, no utilizamos diariamente.

El que la academia siga cuestionando y reforzando estas ideas me hace pensar que para ellos mi país es inferior. Pero para mí, mi posición y mi país me han beneficiado con ser amigable, con ser accesible, con tener una enorme riqueza cultural y a no encasillarme en términos reproductores del neo-colonialismo. Pero para ellos soy “autentica”, “exótica” y “sunny”.

Es un tema muy complicado y esta reseña es a duras penas una pequeña parte de la complejidad de ser una estudiante en la academia europea, y ni siquiera europea porque para los británicos, UK es Uk y no Europa como tal. Y yo, en total, ya me considero lo que ellos llaman oxímoron porque me contradigo, porque soy la contradicción ejerciendo una ciencia social que muchos consideran como colonialista (en el sentido de que el antropólogo va a conocer al “Otro”), estudiando una especialidad considerada neocolonialista (muchos académicos consideran al turismo como una nueva arma del colonialismo actual). Soy la noble salvaje que se beneficia de la doble nacionalidad, que saluda en las mañanas y que se cuestiona sobre su posición y sobre los discursos que mis compañeros aceptan sin dudar.

¿Quién es el subordinado ahora?

Brighton, 2013.

#antropología #desarrollo #colonialismo #EnEspañol #identity #Stereotypes #Otherness #personal #theOther #ThatWanderChic

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