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Un viaje visual: El Nevado de Toluca.


El Nevado de Toluca es un volcán situado en el Estado de México. Para llegar a él es necesario, además del viaje a Toluca desde donde uno se encuentre, recorrer un camino de terracería que tarda aproximadamente unos 40 minutos hasta llegar a la parte accesible a los cráteres. Uno puede dejar su coche en Los Venaditos (un parque en las faldas) o seguirse en el camino de terracería y dejarlo arriba. Se recomienda llegar lo más temprano posible a la apertura del parque a las 8am, ya que, aunque no es un destino concurrido por turistas convencionales, sí lo es para el turismo de naturaleza y alguno que otro masivo que quiere aventurarse.

El nombre originario en Nahuatl es Xinantécatl (que significa hombre desnudo), y hay dos caminos que puedes tomar, uno de cuatro kilómetros por un sendero de terracería, u otro de dos kilómetros en picada para llegar a la cima del volcán.

Es importante mencionar que aunque no se necesita tener condición física de alto rendimiento para esta visita, sí requiere de atención a la altura, ya que alcanza unos 4,680 msnm. Lo que hace que los corazones se aceleren y los pulmones se sientan presionados. No es necesario ir como estrellitas (ver post de Cómo sobrevivir al frío) a menos de que se acceda en invierno con la nieve, pero sí es recomendable ir preparado para caminar en sus tierras resbaladizas y terrosas. La temperatura oscila entre los 12 y -2 grados centígrados.

Desde la cima se aprecian las lagunas de su interior: la del Sol y de la Luna, las cimas también con nombres, el Águila y el Capitán se llenan de nieve en temporada de invierno, aunque por la altura, puede que un día de verano con lluvia pueda llenarlas de nieve. Xinantécatl es considerada una montaña sagrada y en sus lagunas han encontrado vestigios arqueológicos y residuos de rituales realizados por culturas prehispánicas.

El Nevado de Toluca es un verdadero placer visual, no es tanto un reto físico como una delicia a los sentidos. Cabe mencionar que yo soy miope, y tras una operación exitosa de la vista, esta visita al Nevado para mí fue una satisfacción enorme. Viajar es experimentar con los sentidos, y como muchos no entienden lo impresionante que es el poder ver (bien) esta reseña la quise dedicar a este sentido.

Para los que siempre hemos sido miopes, las figuras, sus límites, su definición, siempre ha sido algo que pocas veces hemos podido ver con exactitud, sobre todo a la distancia. Para mí, los rasgos de las caras, los límites de los árboles, las curvas de las nubes, siempre fueron más o menos amorfas. Desde la operación la vida realmente se tornó en HD y actualmente disfruto y me impacto, me dejo impresionar al ver las hojas de los árboles, su brillo, sus figuras, sus formas, su color, su movimiento. Puede ser que los que tengan buena vista disfruten poco ver las hojas de los árboles, pero para mí es excepcional. Por lo que mi visita al Nevado fue meramente espectacular.

El pasaje es un tejido de colores: varios tonos de verde, café, rojizos y azules que se distinguen y reflejan en las lagunas que el volcán tiene. Los colores varían con la luz que se extiende sobre sus relieves; las sombras de las nubes dan nuevos matices cada que pasan por ahí. De un lado están las subidas y bajadas terrosas, llenas de rocas y coníferas llenando el paisaje inhóspito, pero amigable para la niebla que las visita cuando se prepara la naturaleza para la precipitación. Del otro lado se extiende al horizontes las mismas montañas pero las lagunas debajo espejean su majestuosidad. Las lagunas, más azules que verdosas, son cristalinas y enseñan rocas y algas en la profundidad. El agua se ve intacta si hay poco viento, algo que muy pocas veces puede pasar, y si es así, es un perfecto espejo, como el mundo paralelo y hermoso. Mientras que cuando corre el viento su superficie se arruga y permite que con él las montañas bailen en su reflejo.

Disfrutar de la vista en alta definición del Nevado es una chulada. Darse unos momentos de admiración, de absorción del entorno que nos invita a simplemente contemplar la magnificencia y variedad colorida de este volcán. Otra cualidad del lugar es su silencio. A pesar de uno que otro turista destructor de él quiera hacer eco, el lugar es una tumba que con facilidad el aire se lleva los secretos para que tu compañero de viaje los escuche sin problemas.

El área protegida del Nevado tiene unas 51 mil hectáreas, pobladas por varias especies de la región, además de coníferas que también contribuyen a la hermosura de su paisaje.

Si vas al Nevado te recomendamos ir tempranito, llevar unas buenas botas, tu cámara fotográfica; pero sobre todo, te recomendamos tomarte un espacio para tan sólo admirar. Y por favor, cuida el entorno, no tires basura, no te lleves nada de ahí más que tus fotos y la impresión mental de la belleza del lugar.

Nevado de Toluca, Agosto 2016.

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