• Vicente Valdelamar

HAITÍ, PRIMERAS IMPRESIONES


Hoy es martes 13 de septiembre de 2016, hace 5 días que llegué a uno de los países más controversiales que existen en el planeta, con una tasa de desigualdad donde, según el ministerio de desarrollo social de Chile, el 10% más rico de la población gana 88 veces más que el 10% más pobre, es decir, según el PNUD el segundo país más desigual de América y el Caribe y el cuarto a nivel mundial.

A pesar de que mi experiencia se reduce a 5 días, he logrado observar que Haití es un país de contrastes, un país en donde en la mayor parte de las colonias no corre agua potable, donde la electricidad llega a ciertas colonias únicamente 6 horas al día, donde tengo que racionar el uso de energía para poder aprovecharla ya que me encuentro en una zona “privilegiada” de la capital, un lugar donde la mayor parte de la población vive con menos de 100 USD al mes y un litro de leche cuesta 3.5 dólares, un país donde aproximadamente hay 1 doctor por cada 4 mil habitantes; que recibe mucha ayuda de la comunidad internacional pero no existe seguridad para que ese dinero baje a las localidades que más lo requieren, donde los esfuerzos de la Sociedad civil son incontables y un país en el que, a la vez, puedes ver autos caros circulando por las calles mal pavimentadas, donde Jeeps último modelo, Hummers del año, Mitsubishi y Toyotas de lujo se enfrascan en el denso tráfico entre taptaps* destartalados; donde a la vuelta del mercado callejero repleto de basura hay tiendas de marca, un país que permite sentir vergüenza por los grandes rascacielos de otros países más desarrollados donde no tienen que preocuparse si caerá agua potable durante el día, o si habrá bocado que probar al caer la noche.

Por ahora, mis actividades como voluntario profesional se han limitado a observar las relaciones existentes en donde será mi lugar de trabajo, teniendo la oportunidad de salir a la calle y darme cuenta que, una vez más, los medios han mentido flagrantemente ante una realidad que resulta sorprendente. Me he dado cuenta que puedes caminar por las calles durante el día sin ningún peligro más que el de recibir una sonrisa y un saludo sincero de una persona que lleva horas trabajando bajo el duro sol caribeño, donde los niños y las niñas se acercan para dar un simple high five y sonreírte, donde muchos extraños te desean una buena jornada; hasta ahora la barrera del lenguaje no me ha permitido saber más de las historias de la gente que me encuentro día a día, sin embargo, he podido darme cuenta que existe gente digna y con intenciones de salir adelante de manera honesta, a pesar de las negativas insistentes de las noticias diarias.

Hasta este momento, me queda claro que los contrastes están en todos los ámbitos de la vida haitiana, donde hay lugares peligrosos, donde hay asaltos a mano armada, donde hay supermercados caros y barrios que son de otro mundo, donde está el artesano honesto y el vendedor callejero que eleva sus precios a la menor provocación, pero no logro imaginarme un país en el mundo que no tenga esas cuestiones, una Ciudad de México sin Tepito no es México, Nueva York sin el Bronx no es USA, Tokyo sin Yakuza no es Japón… En fin, he podido darme cuenta que la constante internacional es movernos por prejuicios; una Nación que antes de los 80´s tuvo la capacidad de cubrir las cantidades mínimas de proteínas de toda la población ahora se encuentra bajo una sombra más pesada que los 32° diarios que me han tocado vivir, una sombra que segrega a los haitianos a vivir la discriminación internacional por cuestiones que van más allá del trabajo diario en Puerto Príncipe, que son auspiciados, nuevamente, por estructuras políticas interesadas en llenar bolsillos en vez de cubrir las necesidades básicas de su gente, gente que tiene la esperanza de un mejor mañana.

Los haitianos han sido sistemáticamente segregados y oprimidos, la primer Nación "negra“ en lograr la Independencia del cruel Imperio francés, tuvo que pagar una deuda a los galos que logró saldarse después de casi 150 años; han sido víctimas de una cruel dictadura de 29 años; revueltas políticas generadas por la corrupción de mandatarios, y cuando al fin comenzaba una estabilización política en 2010, un fuerte terremoto azota la isla limitando las posibilidades de desarrollo de forma alarmante; basta con leer la historia de Haití para tener un poco de consciencia que es injusto seguir con un discurso de odio, olvidándonos que también son ciudadanos, que son padres, madres e hijos y que tienen la capacidad de desarrollar nuevas habilidades en favor de una sociedad más justa con ayuda de la cooperación internacional, es decir, con una ayuda real de la cooperación internacional.

Vicente Valdelamar

@vicgabval

#colaboradores #Haiti #Volunteer #InternationalAid #EnEspañol #Collaborations

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