• Ana

El viejo nacionalismo contra la flexibilidad de la globalización. (Re-edit)


Hace un par de años escribí un texto sobre la perspectiva del nacionalismo de los viejos contra la flexibilidad de la juventud en tiempos globalizados. Hoy lo volví a releer y decidí re-editar para compartir.

¿Qué opinan?

Me pasé hora y media escuchando a dos ancianos en un café en la parte flamenca de Bélgica, ellos hablaban francés y yo como buena antropóloga estaba atentamente practicando mis idiomas y escuchando lo que decían cuando pasaban varios personajes juveniles ante nuestros ojos. Criticaban el atuendo colorido de un chico gay, el peinado alternativo de una chica, los rasgos étnicos de un joven que según los ancianos argumentaban "no debía ser de ahí, seguro de Argelia". Luego siguieron discutiendo sobre las redes sociales y de cómo nos han "lavado el cerebro" (sí, así lo dijeron, y a mí me recordó a un capítulo de Animaniacs), tema que se agotó a los dos minutos ya que ninguno de ellos poseía información sustentada para hablar más del tema, y concluyeron que el gobierno debía de vigilar más a esta juventud descarrilada, a bárbaros, extranjeros y foráneos, porque así tal vez, podría impedirse la delincuencia, la disminución de empleo y el cruce desmesurado de migrantes en el país. Después de los siguientes 20 minutos que hablaron sobre el equipo nacional, de los cuales estoy segura que el 70% es de origen africano, me decidí encaminar al parque a reflexionar todo lo que acababa de escuchar.

Los jóvenes de hoy, algunos mejor que otros, sabemos que el Estado podría estar comprando información y monitoreando nuestras conversaciones (y nos da más miedo esto, que el que no nos estén vigilando en absoluto), compramos y vendemos en internet, basamos su vida en esta red intangible patrocinada por la globalización mientras que los viejos no entienden la necesidad del internet inalámbrico y mucho menos la manifestación de nuestra personalidad en nuestra moda personal.

Existe una incomodidad en discutir política entre estas generaciones: los jóvenes con el cerebro lavado (según los viejos) porque vamos a conocer otros países, porque hablamos de una solidaridad más allá de las fronteras de una nación, de una religión o del color de la piel, somos vistos como locos liberales que usamos tatuajes y ropa rota. Por otro lado, a los jóvenes, que nos han enseñado a respetar a nuestros mayores, debemos de callarnos la boca al escuchar las barbaridades que los ancianos nos quieren argumentar, nos tratan de explicar cómo es “tonta” la idea de las naciones mancomunadas, como es “bárbara” la migración y lo “absurdo” que se ven los tatuajes. Y nos quedamos con la boca callada, porque nuestros padres nos enseñaron a respetar, pero sobre todo, porque es inútil discutir tales temas con personas que crecieron en una época pre-globalización, pre-internet, pre-países sin fronteras. Los jóvenes entendemos que los ancianos crecieron en una época en la que, como nosotros, debían respetar a los mayores, y los mayores formaron a estos ancianos con ciertas perspectivas que también fueron formadas por el padrastro de todos nosotros: el Estado.

Cuántos soldados en su anciana edad se niegan a conocer “la otra parte de la moneda” porque sus gobiernos les enseñaron que lo más importante era el nacionalismo, que era un honor morir por su país. Si me preguntaran a mi por qué nacionalidad moriría me pondrían en un verdadero conflicto porque yo, como muchos otros “jóvenes”, soy hija de la globalización.

Quiero dejar claro que con esta última frase no me refiero a que esté de acuerdo con los procesos neoliberales o globales, sino de que me formé en una etapa en el que el mundo cruzaba hacia nuevos márgenes tecnológicos, sociales, filosóficos, artísticos, entre otras cosas; un nuevo renacimiento en el que los jóvenes, con ayuda de nuestros padres que vivieron los movimientos de los 60’s y 70’s (Movimientos de Berkeley, la liberación femenina y la revolución sexual), estamos rompiendo los viejos paradigmas que nuestros abuelos no pueden entender con flexibilidad.

Para un joven de hoy (nuevamente arguyo por unos cuantos y no generalizo) es una barbarie pensar en términos de una identidad determinada, para nosotros que vivimos en tiempos líquidos (Z. Bauman) con tribus urbanas e identidades híbridas (N. García Canclini), en una nacionalidad que se comparte en términos que no se refieren a fronteras, sino a perspectivas.

Para nosotros la sexualidad es más rica variada, la piel es más bella pintada, y la riqueza cultural es más interesante mezclada.

Ahora que hay varios políticos en posiciones de poder que prefieren aislar sus naciones por temor a lo "Otro", como jóvenes no debemos de seguir cometiendo los mismos errores que cometieron nuestros abuelos y tatarabuelos, debemos de cambiar. De seguir rompiendo paradigmas, de innovar y sobre todo, de entender estos márgenes ya casi invisibles de la globalización y sacarles provecho. Debemos de dejar de seguir patrones viejos sobre el ser conservador y discriminar lo desconocido.

Debemos de aprender, de conocer lo desconocido, de conservar las raíces con nostalgia y adaptarnos a vivir nuestra identidad global.

Bélgica, 2013. -Reeditado: Australia, 2017.

@anekelh

#reflectabit #migration #personal

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