• Vicente Valdelamar

Siendo voluntario en Haití


Actualmente vivo en Puerto Príncipe, Haití. País considerado como el más pobre del hemisferio occidental, lleno de contrastes, donde la línea de la desigualdad es tan grande que es difícil no ser testigo de una situación injusta durante el día; donde los esfuerzos de la cooperación internacional parecen ocultarse en oficinas con aire acondicionado mientras la gran mayoría de los haitianos tienen poco o nulo acceso a servicios básicos como luz y agua, donde se pueden ver circulando en la calle autos último modelo entre la basura acumulada por el mal servicio de recolección de basura y la estructura política parece que no tiene forma definida; un país en el que la gente difícilmente cree en la democracia por la acumulación de decepciones políticas, donde una enfermedad puede ser mortal por la falta de servicios médicos de calidad, y donde a pesar del panorama complicado la gente es cálida y generalmente se toma el tiempo de saludarte con una sonrisa y un abrazo lleno de esperanza.

Durante este tiempo he aprendido a valorar lo que he tenido en mi corta vida de otra forma, pues ser voluntario me ha permitido entender que la electricidad y el agua son lujos, que las tres comidas que había tenido diariamente en la mesa gracias al esfuerzo de mi familia son inalcanzables para algunas personas. Trabajar como voluntario profesional en conjunto con la comunidad escolar me ha dado herramientas para aprender un nuevo idioma y expresarme de diferentes maneras; entre muchas otras cosas, a seguir entendiendo que la alegría, la tristeza y el cuidado por el otro se comparten en diferentes latitudes.

Hace un año participé en la edición número 28 del Barco Mundial de la Juventud - en inglés: Ship for World Youth Leaders - y a partir de ese momento he aprendido que los sueños y las ilusiones por un mundo mejor se comparten sin importar el nivel socioeconómico ni el lugar en que nos toque vivir, que en todas partes se busca una vida digna que nos permita alcanzar nuestros sueños y nuestras metas, nuestros deseos y nuestras alegrías, que sin importar la situación, es más poderoso el valor de una sonrisa que cualquier otra cosa.

Ir día a día a trabajar a la escuela Nacional República de Chile me ha permitido desarrollar habilidades profesionales y a la vez compartir mi historia personal con otras personas a través de la planeación de un proceso de intervención en el área de convivencia escolar, sin embargo, durante estos 5 meses he comprendido que si logras identificarte con el otro, respetando sus creencias y escuchando sus ideales, se abre la posibilidad de alcanzar entendimiento mutuo e interculturalidad, abrir la puerta a la diversidad puede hacernos más humanos y marcar un camino diferente al desarrollo de uno mismo, y ¿por qué no? al desarrollo de un país.

#desarrollo #Volunteer #Haiti #development #Youth

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