• Vicente Valdelamar

DE COMO EL FUTBOL (mi abuelo y Haïti) CAMBIO MI VIDA


Desde que tengo memoria, en mi vida ha habido un balón, una pelota o un envase vacío de plástico listo para ser pateado; una portería profesional, una improvisada con tubos, sillas, piedras o maderas o, incluso, un par de prendas de ropa separadas por dos o tres pasos.

Recuerdo ir al estadio cuando era niño, recuerdo platicar incansablemente con mi abuelo sobre las grandes jugadas que cambiaban el rumbo de un partido, recuerdo cómo fue él quien me enseñó la importancia del juego, la importancia de las reglas, de la colaboración en equipo, de la estrategia, del honor, de la pasión y del esfuerzo.

Para muchas personas, el fútbol no es más que un espacio donde 2, 4, 6, 8, 10 o 22 personas corren tras de una pelota intentando meterla en un rectángulito a un lado de la cancha, y la verdad es que sí. Sin embargo, cuando le buscas el sentido, va mucho más allá… Con mi abuelo aprendí que se trata de una oportunidad para hacer a un lado tus miedos, que cada jugada y cada correr tras la pelota es una ocasión nueva de dar un rumbo nuevo a las cosas, que cada minuto te da el privilegio de aprender algo diferente (de ti mismo o de tus compañeros). Aprendí que el trabajo en equipo te permite potenciar tus habilidades, te da el privilegio de aprender de los otros aceptando tus capacidades y la de los demás buscando un objetivo en conjunto.

Aceptar y aprender de la derrota es tan importante como aceptar y aprender de la victoria; entender que equivocarse es parte del juego nos da la garantía de aprovechar las siguientes oportunidades que se nos presentarán, aprender a soltar un error nos permite abrir los ojos para acertar en el siguiente momento en el que sea necesario; dar un último esfuerzo cuando el cansancio se apodera de tu cuerpo y tu cerebro permite poner al límite tus capacidades.

Entrados los años, me di cuenta que la vida puede ser una cancha enorme, donde no juegas contra otros 11, juegas contra otros miles, pero también otros miles están en tu mismo equipo; más importante todavía, me he dado cuenta que no se trata solamente de competir y hacer perder al otro, se trata de jugar con honor, no se trata de pisotear al contrincante ni al compañero sino de potenciar las habilidades de tus pares (no importa para qué lado juegue), no se trata de usar trampas y artimañas, se trata de ponerse a prueba y superar los propios límites. Mi abuelo me enseñó que la vida puede ser un campeonato de fútbol y tienes la grandiosa y única oportunidad de elegir tus jugadas.

Estoy en el que considero uno de los países más futboleros del planeta – basado solamente en mi experiencia en corto tiempo - , aunque nadie me lo crea; donde la gente deja todo por ver un partido de la Champions League, donde Messi, Cristiano y Neymar aparecen por todas partes, donde un camino en transporte público de una hora puede resumirse en un análisis completo de un partido entre desconocidos, donde la gente grita y se abraza con un gol a miles de kilómetros de distancia, donde un trámite en una oficina de gobierno se hace entre pláticas de la Copa América y la copa del mundo. 9 meses en Haití no han hecho más que fortalecer la idea de que el respeto al otro y el esfuerzo en conjunto “hacen ganar campeonatos”, que no importa si has jugado en canchas de tierra o en estadios profesionales; el gusto por el juego se comparte, la esperanza de ganar el trofeo está siempre presente sin importar lo mal que te haya ido en partidos anteriores. (Entendamos al juego como la vida misma).

Gracias al fútbol (y por azares del destino) tuve la oportunidad de viajar a muchos lugares en México, dándome cuenta de nuevo que la pasión por algo en común mueve voluntades; hace 8 meses que me puse a jugar en la playa con un montón de desconocidos haitianos sin saber su idioma ni sus formas de juego y compartir la alegría de un gol improvisado me regresó a mi infancia donde importaba más una buena jugada que una tarea bien hecha (no es que me enorgullezca, pero de eso se trataba).

Tal vez, mi abuelo me enseñó la importancia de los valores jugando al fútbol, lo más importante no es el deporte ni la actividad física; lo que realmente vale la pena es abrir los ojos a la posibilidad de que tu compañero, tu contrincante o cualquier persona que forme parte de este gran juego puede enseñarte algo nuevo, que se puede abrir la posibilidad de aprender del otro, sin importar las condiciones y haciendo a un lado la avaricia de ganar nos permitamos compartir la dicha del ganar.

Como siempre, la vida me juega bromas muy peculiares, y después de reflexionar sobre cómo el fútbol me ha llenado la vida con diferentes perspectivas, tuve la oportunidad de ir a un campeonato con niños en Canaan organizado por una fundación que se llama Futbol Más centra sus esfuerzos en desarrollar habilidades sociales con niños y niñas de escuelas cercanas; poniéndonos en contexto, Canaan es una zona de desplazados a las orillas de Puerto Príncipe, la mayoría se instalaron en el lugar a raíz del terremoto de 2010, pero como todo asentamiento, no hay servicios básicos suficientes, no hay agua, ni luz eléctrica (no hablemos de hospitales), así que las 30 mil personas del asentamiento más grande de América Latina tienen pocas posibilidades de desarrollo por la indiferencia del gobierno… En fin, el domingo pasado asistieron algunas niñas y niños que han sido parte de un proceso para desarrollar sus habilidades personales y de liderazgo, cada partido jugado compartía a quienes estábamos ahí una grandísima esperanza, cada gol gritado era como una explosión de alegría entre niñas y niños con ganas de compartir todos los aprendizajes que tiene patear una pelota y compartir con sus iguales un rato de alegría lejos de los problemas que no eligieron vivir.En lo individual, mi abuelo, el fútbol y Haití me han llenado de aprendizajes inimaginables, entendiendo que si hay algo que te apasiona y te hace abrir los brazos a los demás y aprender de tus errores y aciertos, no importa en qué latitud te encuentres, habrá alguien que comparta esa misma alegría y aprendizaje, abriendo la puerta al entendimiento entre nuestros pares, que, en mi mente soñadora e ingenua, creo que es lo que le falta a este mundo.

@vicgabval

#SocialEnterprise #projects #InternationalAid #Haiti #futbol

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