• Ana

Mi experiencia como turista voluntaria


Una amiga me comentó que se iría a Camboya a realizar un voluntariado por dos semanas para ayudar a construir una escuela, y claro, tras varias veces de escuchar lo emocionada que estaba, me invitó para ser parte de su gran aventura. He de admitir que soy muy escéptica en cuanto a los trabajos de voluntariado, mi mente analítica y académica que siempre intenta verle las dos caras de la moneda a todo, me detenía con pensamientos sobre lo negativo que es el turismo voluntario, sobre todo a nivel internacional. Mí los trabajos de voluntariado pueden llegar a ser un arma de doble filo. Sin embargo, como iba yo a hacer una crítica del trabajo de voluntariado internacional si no lo había experimentado. Así pues, como buena antropóloga me di a la tarea de experimentar y luego opinar; y de paso cambiar un poco mi vida en el camino.

A lo largo de los años he hecho varios voluntariados en distintas localidades de mi país, y siempre he pensado que es mejor influir de forma directa en las comunidades que uno pretende apoyar. La concepción de voluntariado internacional que tenía se limitaba a la ayuda de cooperación internacional en zonas de riesgo, pobreza extrema y violencia, y por el otro lado el voluntariado "occidentalizado", es decir una vista muy occidental sobre el desarrollo y el progreso de la otredad, de la ayuda al tercer mundo que no puede solo.

Aun así, quería experimentar antes de criticar, entonces decidí acompañar a mi amiga y aprovechar para alimentar otra gran pasión mía: teorizar experiencias turísticas. Así pues, cual cliché de indagador de horizontes, renuncié a mi trabajo y me perfilé a irme de viaje al sureste asiático un par de meses.

Mi experiencia de ser voluntaria empezó desde la recaudación de fondos, para el cual me empeñé en vender pasteles entre mis conocidos para que sus aportaciones se fueran directamente a la causa, que incluiría la compra de material y emplear constructores para mejorar el acceso a la educación en la localidad camboyana de Boeung Kunchung, en la provincia de Ko kong.

La experiencia después de la recaudación de fondos, continuó con todo el arreglo de vuelos para llegar hasta Siem Reap, y así empezó la aventura. Creo que para que uno empiece a llenarse de la cultura que visita en un voluntariado, se debe de conocer sobre la historia del lugar, desde su historia antigua hasta sus contextos actuales. This World Exists realmente nos permitió un gran contexto al respecto; empezamos el viaje visitando Ankor Wat, una zona arqueológica enorme, con alrededor de 400 km2, la zona de Ankor Wat contiene las reminiscencias de las antiguas capitales (desde el siglo IX al XV) del imperio Kmer.

Desde el amanecer al atardecer en Ankor Wat, la visita empezaba a amenizarse y entre voluntarios empezamos a conocernos más. Después de tan imperdible sitio nos dirigimos hacia las montañas Cardamomo, las cuales hacen justicia a su nombre con sus fragancias y flora despampanante que nos llenó de verde los ojos. Allí, sacamos nuestros mejores dotes selváticos y pasamos cinco días en la jungla camboyana; con el mejor guía y equipo, a machete y bota, nos abrieron el camino para conocer la flora y la fauna local. Una experiencia realmente recreativa para conocernos mejor en un entorno verdaderamente hermoso. Caminamos los días en la selva con nuestras mochilas, evitando a las avispas, sanguijuelas, mosquitos y arañas, bambús, rocas resbalosas, y el húmedo calor del sureste asiático. En las noches nos arrullaba el río que siempre corría a nuestro lado, las cascadas nos llenaban de paz y frescura día tras día, nos mecíamos las noches en hamacas con mosquiteros que nos regalaban voraces sueños alimentados de las tabletas de doxiciclina que algunos tomábamos cada día para protegernos de malaria.

Y así los días en la selva fueron verdaderamente espléndidos. Sí, un reto mental y también físico, pero un lindo arreglo con la naturaleza para disfrutarla, cuidarla y conocerla.

Para descansar un poco de la selva nos aliviamos en Ko Kong una noche y continuamos hacia la comunidad de Boeung Kunchung para realizar el voluntariado ayudando en la construcción de la escuela comunitaria. A la escuela van niños y niñas desde 1ero a 5to de primaria, y en los últimos años se ha registrado una baja asistencia de ambos sexos, además la cantidad de niños supera por el doble a la de las niñas. Esta escuela se ubica cerca de zonas militares a las que hospedan a familias camboyanas que realizan su servicio, por lo que cada año la cantidad de niños asistentes varía según los flujos militares de la zona, y del acceso a otras escuelas en otras comunidades; y para nuestra sorpresa y por coincidencia hay más niños que niñas.

La escuela constaba de cinco salones decorados con trabajos escolares de los niños, la oficina del director (de la cual le caían goteras cuando llovía), dos baños sin agua corriente, y un edificio abandonado. La entrada a la escuela era un camino lodoso que los niños en chanclas cruzaban, y en el cual encontramos varias olvidadas. Nuestros días empezaban a las 6 de la mañana, cuando el sol ya estaba esplendoroso en el cielo, y nos íbamos directo a la construcción: demolimos paredes, desarmamos y armamos puertas y ventanas, pintamos, resanamos, entubamos, escarbamos, y construimos.

El resultado: un nuevo camino de rocas y graba que permitiría la filtración del agua para que no se enlodara, además de la nueva fachada azul de la entrada; los albañiles locales que empleamos con el dinero recaudado repararon el techo del director, mejoramos las fachadas de los salones, hicimos que los baños contaran con agua corriente, y la remodelamos completamente del edificio abandonado el cual ahora se ocupa como biblioteca de la escuela y la comunidad (¡Gracias donador!). Además, gracias a los días de trabajo pudimos observar, analizar y proponer un esquema de manejo de basura para tratar de promover la conciencia sobre su uso, re-uso y reciclaje.

Uno de los puntos que más me conflictuaba sobre el voluntariado era la idea de que jóvenes iríamos a un lugar a realizar un trabajo para el cual no estábamos capacitados (construcción) y que posiblemente estaríamos quitándoles el empleo a la gente local. Y aunque sí estábamos muy ilusionados dando lo mejor de nosotros para la construcción, contábamos con elementos dentro del grupo de voluntarios con suficientes conocimientos en construcción y mecánica, y por más hambre voraz de querer ayudar, nuestros fondos emplearon a constructores locales que trabajarían mucho más (claro, sin quitarnos crédito de nuestro esfuerzo).

This World Exists nos brindó de una magnífica experiencia, todos conocíamos en qué estaban siendo destinados nuestros recursos; Ryan, el creador de la organización, nos guío y contagió de su iniciativa, de sus ganas de dar lo mejor de nosotros para el resto del mundo; sobre todo en un tema crucial como la educación. Al final acabamos contentos con todo el esfuerzo realizado, la escuela ahora cuenta con una biblioteca y un programa de basura que si mantienen podrán sacar provecho para financiar clases de inglés para los niños y por parte de This World Exists la posibilidad de financiar un programa de capacitación continua para maestros.

Para cerrar con broche de oro, nos paseamos por los alrededores de Kampot para disfrutar de sus campos de pimienta, de arroz, y de sal. Además de cuevas, templos, lagos y playa. Y claro, de la enorme ciudad de Phnom Penh, en donde además conocimos más sobre el país y su trágica historia con el Kmer Rojo.

No sé si todos los voluntariados sean igual de plenos como éste, pero This World Exists realmente se llevó a reconsiderar mis ideas sobre el turismo voluntario, y definitivamente me otorgó de nuevas experiencias, amigos, y sobre todo de darme cuenta de todo lo que una persona puede hacer si cree en sí mismo, desde demoler una pared a resistir un trekking en la selva con una rodilla lastimada, la experiencia sigue dejando una sonrisa en mi cara, y no me quedan más ganas que seguir dando, ayudando y apoyando. Si quieres conocer más sobre This World Exists visita su pagina aquí

Las colaboraciones de Paula también pueden interesarte, chécalas!

Las fotografías y videos de este artículo fueron tomadas por todos los miembros del grupo de voluntarios de TWE: Tom Rex, Mitch Smith, Kris Penn, Emma Sweeney, Ryan Gray y AnekeLh.

#A #Volunteer #development #EnEspañol #Cambodia #Education

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